Opinión
Alfredo César Dachary

10/04/2012

Turismo y salud: ¿un amor de temporada?

Pensadores, artistas y hombres de letras comienzan a construir a partir del siglo XVII, por diferentes caminos, lo que sería el reencuentro del hombre con el mar, primero como manifestación de “pérdida del miedo”, luego el asombro y, por último, el placer. La génesis de la apreciación de la naturaleza durante el siglo de las luces y cómo interpretar el paisaje tiene largos antecedentes: poetas franceses barrocos describen el gozo de las riberas; en 1628, Marc – Antoine Girad de Saint-Amant disfruta de los encantos del retiro junto al mar, donde analiza que no hay resabios del diluvio en el mar; Henri Campion se exilia en la isla de Jersey y describe el placer de sus playas y en el siglo XVIII comienzan los recorridos por la naturaleza por una élite obsesionada por la “vuelta a las fuentes”: nace el Grand tour.

OPINIÓN

SEGUNDA DE TRES PARTES

 

Entre 1690 y 1730 se despliega en Francia la Teología natural, que en Inglaterra se llamaba físico-teología, y contempla el mundo de una manera positiva y ella construye el mundo exterior como espectáculo, que es la representación dada por Dios a su criatura más perfecta: el hombre.

Esta idea será una de las motivaciones del viaje turístico: las élites sociales  buscan la ocasión de experimentar una nueva relación con la naturaleza y así descubren un placer antes desconocido de disfrutar de un entorno convertido en espectáculo.

En 1750 se publica “El espectáculo de la naturaleza” por el Abate Pluche y en 1779, sale “La grandeza de Dios en las maravillas de la naturaleza” de Alexandre Durand y de éstas surgen una serie de afirmaciones, como que las playas y las dunas no son resultado de la erosión sino elementos que pone Dios como barreras y que las islas son para comodidad del viajero; que los golfos y las bahías sirven como introductores a las riberas y las mareas tienen como objetivo limpiar las playas.

Bernardín de Saint-Pierre expresa imaginación, sentimiento y amor por la naturaleza, en oposición al humor y el formalismo que caracterizaban la mayor parte de la literatura francesa de su época. Escribió “Viaje a L'Île de France” (1773) y “Pablo y Virginia” (1788), su obra maestra, y está considerado como un precursor del movimiento romántico.

En Holanda se dio parte del comienzo del viaje al encuentro con el mar, porque ese país era reconocido por su mar, que se dio en dos dimensiones, la primera es domándolo para hacerlo productivo y la segunda es usarlo como medio de transporte; no por algo fue Holanda el centro del mercantilismo. A ello se le sumó la pintura holandesa del mar del siglo XVI al XVII.

Entre 1750 y 1840, cuando el anhelo colectivo de las riberas despertara irresistiblemente por ser el tiempo en que las costas del océano aparecerán como el recurso contra los males de la civilización. La llegada de los bañistas a las costas del mar comienza en 1750 y tiene como finalidad deshacer una antigua angustia, que forma parte la melancolía (spleen) y también de nuevas ansiedades.

Así las nuevas y antiguas ansiedades que se dan en el siglo XVIII, encajan en el discurso médico para curarlas: las estancias junto al mar, el agua fría del mar y los baños. Esto es planteado por los médicos e higienistas, que producen estos conocimientos, dan la alarma y generan el deseo en esta sociedad ansiosa de nuevas experiencias.

La vieja acedia medieval, diabólica podredumbre del alma, incita a perder toda esperanza en la salvación, frente al mundo que se monitoriza y deja de creer, y junto a ello, la fascinación ejercida por el arte de vivir Ciceroniano.

En Inglaterra se le designó spleen y en 1621 Robert Burton escribió la historia de la melancolía y propone como curación, mayor preocupación sobre el medioambiente, nuevos preceptos higiénicos, nuevos cuidados del cuerpo en combinación con una terapia del alma, y para ello viajes, estancias alternas entre campo y ciudad. Así mismo excursiones, paseos por el bosque y el río y no olvidar que el buen jardín ayuda en esta lucha.

En el siglo XVIII, la gente se venía quejando del insano aire de Londres; en 1578, la reina Isabel I se vio obligada a salir de la capital por ese problema: “los humos sulfurosos del carbón”, una plaga que dos siglos después detonara el nacimiento del ambientalismo moderno.

El spleen incita al viaje, mantiene la movilidad de la gente, la que acompaña a la circulación de los productos, el hombre comienza a moverse, a circular, más por mar o ríos que por las difíciles sendas; unas décadas después el ferrocarril cerrará el círculo que termina sellando el automóvil y el avión.

La difusión de los baños fríos en aguas de mar a 12 o 14 grados se basa en una antigua creencia que éste genera longevidad. En 1701, John Floyer escribe la historia del baño frío, usado desde muy antiguo, y parte del mito de la longevidad de los habitantes de las islas Orcadas.

En 1766, la Academia de Burdeos convoca a un concurso centrado en este tema y el Dr. Maret consigue el primer premio en su memoria sobre “La manera de actuar de los baños de agua dulce, agua de mar y sobre su utilización”. A mediados del siglo XVIII, la moda del baño de mar genera un proyecto terapéutico y en las estaciones se regula la temperatura y se dan todos los servicios necesarios.

En 1783, con Antoine Lavoisier empieza a ser más importante el oxígeno que el agua; lo importante era respirar bien y el aire de mar es el más oxigenado, y los médicos recomiendan, el paseo en barco y la visita a las islas.

En 1804, el Dr. Buchan dedica una importante obra donde sostiene que lo primero que hay que hacer es una buena respiración; el sol tiene como único papel purificar la atmósfera y evaporar, pasado las 10 am debe salir para evitar la congestión; la sombra también tiene méritos, mejor en las rocas marinas que en tierra firme, ya que hay menos “emanaciones”. En síntesis, así aumenta la sensibilidad hacia la estética marina.

Las nuevas estaciones marinas, antecedentes de los hoteles junto al mar, construyen las viviendas de los visitantes todas mirando al mar, mientras los médicos e higienistas siguen aportando ideas sobre éste que no es “un amor de temporada”, la relación de la salud y el hombre.

El Dr. James Currie publica un repertorio que constituye la guía de todas las riberas de occidente y de los diversos climas tropicales y la playa; observa que es el lugar de “regreso a las inclinaciones inocentes”, ya que la gente recoge conchas y  algas marinas, así la orilla despierta la conciencia y se corrige la debacle del escepticismo.

 

El mar y el nuevo turismo de playas

 

En 1840, cuando el ferrocarril comienza a llegar a todas partes, incluido las playas, Brighton se convierte en el primer sanitarium del mundo: “La llegada del ferrocarril en 1841 abrió las puertas a una nueva era de comercio turístico, la cercanía con Londres influyó enormemente y la población empezó a crecer poco a poco. Algunos de los iconos turísticos de Brighton fueron construidos durante la era Victoriana, incluyendo el Grand Hotel (1864), el West Pier (Muelle Oeste) en 1866 y el Palace Pier (Muelle del Palacio) en 1899.

La ciudad fue muy frecuentada por la gente rica, famosa y aristócrata. Consiguientemente, muchos hoteles y edificios fueron construidos frente al mar, por ejemplo: el Bedford Hotel (1829), El Gran Hotel (1864), el Metropole Hotel (1890).

El ferrocarril y la estación de Brighton se construyeron en 1840. Como consecuencia de ello, muchos visitantes de Londres comenzaron a visitar la ciudad, que se convirtió en una atracción turística. Era la época del baño de mar en aguas frías, las cuales exige tres cualidades: frío o al menos fresco, salinidad y turbulencia, controlada pero que no signifique peligro.

El médico prescribe: el balneario, la hora y duración, el lugar y los ejercicios y el número de baños por temporada. Así el baño de las mujeres, niños, enfermos crónicos, convalecientes o pusilánimes genera una emoción que nace de la brutal inmersión repetida al segundo escalofrío, ya que el bañero sumerge a su cliente en el momento en que rompe la ola, le mantiene la cabeza baja para aumentar la sofocación.  Este modelo era típico de las playas inglesas y los bañeros justificaban su trabajo.

Los baños más privados, con cabinas con ruedas, comienzan en 1735 según un grabado de Scarborough. Se denomina Bathing Machine y fue diseñada por el cuáquero Benjamín Beale en la playa de Margate y son para preservar la privacidad del bañista. Las cabinas avanzan hasta una profundidad de 20 cm y luego los bañeros despliegan una toldilla para proteger al bañista y le ayudan a descender de la cabina al mar por una escalerilla, terminado el baño vuelve a la cabina y allí se seca y realiza el tocado personal.

Es así como en las riberas del mar se comienza a perfilar un nuevo modelo de vivir, que rige el espectáculo social de los baños de mar, donde el inválido, que está o se “cree” afectado por una enfermedad crónica intenta buscar la salud perdida y en el otro extremo está el narcisismo de la gente. En medio y como guía  está la profundización de la observación clínica, el auge del higienismo, en síntesis: médicos, poetas y filósofos invitan a una auto-atención, o sea, a “escuchar más a su propio cuerpo”. Comenzaba una revolución social en el cuerpo en la sociedad y en las ideas. 

Perfil politico Desde mi balcon Reflexiones Partida de domino Hagan olas Opinion Lago de tos-cano En linea Entre piales y manganas