Perfil Político
Luis Alberto Arcaraz

11/07/2012

Una oportunidad de oro

VENTAJAS Y PELIGROS. El triunfo de Ramón Guerrero Martínez en las pasadas elecciones tiene una buena cantidad de beneficios inmediatos para la sociedad vallartense, aunque también implica grandes riesgos.

PERFIL POLÍTICO

El primer aporte de El Mochilas es sustancial: se demostró que a pesar del férreo bipartidismo histórico de Puerto Vallarta es posible ganar la presidencia municipal sin necesidad de los aparatos electorales de PAN y PRI. Esto permitirá en lo futuro el surgimiento de proyectos 100% ciudadanos que abiertamente podrá enfrentarse al PRI y al PAN en igualdad de condiciones, sin embargo que nadie se confunda, porque aunque El Mochilas no contó con un aparato electoral previamente establecido, su campaña se caracterizó por un uso de recursos económicos superior a los de PAN y PRI. Por lo mismo, sería ingenuo suponer que el triunfo de El Mochilas es un reflejo de una sociedad harta de los partidos políticos tradicionales. Y es que detrás de El Mochilas están personajes de la talla del gobernador de Baja California Sur, Marcos Covarrubias, y el diputado y poderoso empresario lechero Abraham González Uyeda. En el plano local Ramón Guerrero contó con el apoyo de un importante sector del panismo vallartense, como por ejemplo Ignacio Guzmán García, así como numerosos empresarios locales.

 

¿UN GOBIERNO CIUDADANO? De cualquier forma, el hecho de ser un alcalde sin compromisos con cúpulas partidistas o estructuras sindicales concede a Ramón Guerrero un enorme margen de maniobra para aplicar un esquema de gobierno muy diferente al tradicional. Sin embargo esa independencia también representa el mayor riesgo que enfrentará El Mochilas ya que abiertamente será un rehén de la sociedad civil, la cual es un ente fragmentado y de mil cabezas, con una alta volatilidad. ¿A quién le hará caso el alcalde Mochilas? ¿A Susana Carreño o al Beto de la Infonavit? Ambos personajes serán protagonistas del próximo ayuntamiento y exigirán un trato preferencial dado el protagonismo que los caracteriza. No hay nada más peligrosos que un gobierno ciudadano balcanizado sin respaldo de sectores o corporaciones, porque es campo fértil para el descontento y la polarización. Máxime que Ramón Guerrero deberá someterse a un referéndum para la revocación de su mandato en abril del 2014, de acuerdo con lo que prometió en su campaña. Si para entonces El Mochilas no ha realizado un gobierno de lujo quedará fácilmente expuesto a las garras del corporativismo priista, que con sus 35 mil votos duros sigue siendo una maquinaria política muy poderosa.

 

EL SOLITARIO DE PALACIO. Un aspecto nada positivo de la próxima administración consiste en que Ramón Guerrero será un alcalde sin conexiones a nivel estatal y nacional, ya que tanto el próximo gobernador de Jalisco como el nuevo presidente de la República serán del PRI y difícilmente contribuirán a que el gobierno ciudadano de Puerto Vallarta se luzca. Si Ramón Guerrero creció en las colonias populares del puerto fue gracias a su incesante trabajo como diputado local mediante el cual canalizó millonarios apoyos provenientes del gobierno de Jalisco. En consecuencia, se espera que los próximos diputados Gustavo González y Rafael González Reséndiz desplieguen pronto un enorme trabajo proselitista a favor del PRI con recursos estatales y federales. La fórmula no es nueva, simplemente cambian los protagonistas. Por lo mismo, Ramón Guerrero no podrá llegar al ayuntamiento de Puerto Vallarta a encabezar una cacería de brujas porque no tendrá ningún respaldo en las esferas estatales y federales. De intentar meter a la cárcel a Salvador González Reséndiz o a Javier Bravo Carbajal de inmediato se echará en contra al gobernador Aristóteles Sandoval y se condenará al aislamiento.

 

UNAS POR OTRAS. Pero si El Mochilas no gobernará atendiendo compromisos con Rafael Yerena, en cambio sí deberá responder a sus alianzas ocultas con políticos y empresarios vallartenses, tanto del PRI como del PAN. La presencia de algunos amigos íntimos de Javier Bravo en la campaña de Ramón Guerrero es un claro indicio de que el ex alcalde apostó su capital político a la derrota del PRI a sabiendas de que le convenía más la debacle del PRI yerenista que el triunfo de un político sin partido que sabe negociar y comprar apoyos por doquier. Por lo tanto, si Ramón Guerrero se empeña en cumplir sus promesas de campaña en el sentido de meter a la cárcel a priistas como Rafael Yerena automáticamente se estará quedando sin apoyos estatales y federales, lo cual a la luz de la enorme deuda pública del municipio será un completo suicidio. Por lo tanto lo más probable es que El Mochilas pretenda gobernar sin conflictuarse con nadie, lo cual le generará reproches al interior de su grupo donde destacan muchos personajes que reclaman una venganza personal en contra del PRI. En aras de sumar votos Guerrero Martínez llenó su costal de auténticos gatos que en cuanto rindan protesta empezarán a sacarse los ojos por la disputa de cotos de poder. Porque ninguno de ellos, ni siquiera el propio Mochilas, está pensando en dejar a un lado sus intereses personales.

 

POSDATA. No es difícil anticipar que lo que hará a partir del 1 de octubre el Mochilas será aplicar en Puerto Vallarta el mismo esquema que desarrolló en Tlajomulco su alter ego Enrique Alfaro. Con la pequeña diferencia de que el presupuesto de Tlajomulco este año es de mil 324 millones de pesos mientras que el de Puerto Vallarta no llega a los mil millones. Pero la diferencia mayor estriba en que Alfaro gobernó su municipio con el apoyo incondicional del gobernador panista Emilio González Márquez, lo cual generará la percepción de que Alfaro era en realidad el candidato de Emilio y no Fernando Guzmán. En cambio El Mochilas no será, por obvias razones, el favorito de Aristóteles gobernador, y menos si se empeña en proceder penalmente en contra de los priistas.

 

VOX POPULI. Pese a todo, si Ramón Guerrero cumple al menos el 50% de sus promesas la sociedad vallartense saldrá ganando y se abrirá el camino para que en lo sucesivo importe más el candidato que el partido. De lo contrario, si el experimento ciudadano fracasa, se estará traicionando la confianza del electorado y se darán las condiciones para el retorno del corporativismo partidista, que sólo defiende sus intereses grupales y no los de toda la colectividad.

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