Reflexiones
Hector Pérez García
30/07/2012
Cuando el turismo acaba con el turismo
“Sorprende el alto número de locales comerciales vacíos en la zona céntrica de la ciudad. Algunos culpan de manera simplista a las “altas rentas”, cuando la verdad es sencillamente la falta de compradores o turistas sin dinero, es un problema económico originado por la mala administración de nuestro turismo; he aquí algunas de las causas”
REFLEXIONES
EL TURISMO Y LA LEY DE TURISMO
El turismo es una de las actividades económicas más importantes de México. Contribuye con cerca del 9.0% del PIB nacional. Sin embargo, es la industria menos reglamentada entre otras... Sin ir más atrás en la historia reciente, la última versión de la Ley General de Turismo no contempla actividades como los cruceros, el tiempo compartido o el todo incluido. Actividades económicas que inciden para bien o para mal en la industria turística. Tampoco contemplan la figura del fideicomiso de promoción turística que de hecho existe en la mayoría de las entidades que explotan el turismo. Una ley de turismo debiera tener como objetivo primordial el establecer reglas y normas que fomenten la equidad entre los segmentos económicos que participan en la industria; promueva su desarrollo equilibrado en un marco de calidad y sustentabilidad y proteja a los inversionistas nacionales haciéndoles accesible el financiamiento y dándoles seguridad en sus inversiones. Debería contener lineamientos para la profesionalización de los trabajadores de la industria y privilegiar su contratación en negocios de procedencia extranjera. Una buena ley de turismo debería evitar mediante reglamentos claros la dominancia y la inequidad de algunos sectores y fomentar la competencia en igualdad de circunstancias.
LOS SEGMENTOS DE LA INDUSTRIA DEL TURISMO
En primer lugar existe la hotelería tradicional que comprende todas las clases de hospederías. La aviación que es una arteria vital para la industria de los viajes. Los operadores de turismo que lo mismo pueden ser los gigantes que dominan el horizonte de los viajes que los indispensables agentes de viajes tradicionales. Los cruceros turísticos que son en realidad hoteles flotantes que gozan de privilegios internacionales. Los servicios terrestres al turismo: transportistas foráneos y locales, agencias receptoras, los “tours” turísticos, la industria restaurantera, servicios marítimos locales, las tiendas de regalos y decenas más de comerciantes que viven alrededor del turismo en los centros vacacionales. El negocio inmobiliario que desarrolla inmuebles condominios no es parte del turismo pero se sirve, en buena parte, del mismo para sus fines, pues se alimenta de los huéspedes de los hoteles.
LOS DESEQUILIBROS EN LA INDUSTRIA TURÍSTICA
En la actualidad y bajo las leyes de turismo se privilegia que actividades dominantes como la industria inmobiliaria se beneficie del turismo sin contribuir de manera equitativa a la promoción del mismo. A su vez la hotelería afecta gravemente a la industria de la restauración al competir ventajosamente con los restaurantes mediante el sistema de todo incluido en los hoteles. La hotelería informal auspiciada por la proliferación de condominios y sus “camas frías” compite a su vez con la hotelería formal y tradicional. Por otra parte la industria de los cruceros es una competencia desleal a la hotelería formal por su condición de hoteles flotantes favorecidos por la ley del mar. El desequilibrio entre unidades hoteleras tradicionales y condominiales afecta negativamente el desarrollo de la hotelería y contribuye a su estancamiento.
Los grandes operadores de turismo con base en el extranjero que utilizan sus recursos financieros y posición dominante en la industria para “negociar” ventajosamente con líneas aéreas, hoteles, operadores terrestres y demás servicios; que imponen sus intereses a los del país anfitrión y fomentan el turismo masivo, el todo incluido y los viajes todo pagado propiciando con ello la falta de lealtad del turismo a un destino determinado, dificultando la transculturización de los visitantes y evitando la equitativa distribución del gasto turístico.
Si bien el mundo se ha globalizado y México mantiene las puertas abiertas a la inversión extranjera en el turismo, la falta de reglas coloca a la hotelería nacional en desventaja en cuanto al costo del dinero; estructuras verticales de comercialización y con frecuencia usando su poder de compra para expoliar a los proveedores locales.
Por todo lo anterior más la actitud complaciente de autoridades, la industria turística se desenvuelve en una especie de ruleta donde el perdedor es siempre el turismo.
EL NEGOCIO INMOBILIARIO DESDE EL PUNTO DE VISTA TURÍSTICO
Vayamos por partes: la industria inmobiliaria desarrolla condominios turísticos que comercializa, entre otros, a los huéspedes de los hoteles del centro turístico. Huéspedes que una vez que compran un departamento en condominio éste es utilizado para futuras estancias en el centro vacacional y por lo tanto ha sido sustraído del mercado de los hoteles. Si el condominio ha sido adquirido en venta completa, es decir propiedad única, el propietario tiene dos opciones: o lo conserva exclusivamente para su uso personal o familiar o lo inscribe en un “pool” de rentas para operarse como “condohotel”. promedio de condominios no llega al 20.0%, de ahí su mote de “camas frías”>. Por otra parte si la unidad condominial es rentada como hotel con servicios limitados, en la mayoría de los casos el propietario y el operador se benefician de una actividad no reglamentada en abierta competencia para los hoteles del centro vacacional. En ambos casos estos condominios significan una demanda de servicios para la ciudad: agua, drenaje, urbanización, seguridad, etc. Sin que necesariamente sean fuentes competitivas de empleo, ni contribuyan fiscalmente por su actividad comercial, ni participen equitativamente al fondo de promoción turística como lo hacen los hoteles tradicionales. .
En cambio, si la unidad condominial ha sido adquirida en “Tiempo compartido”, , las posibilidades de un alto promedio de ocupación anual está presente, sin embargo con un tipo de huésped que adopta el patrón de comportamiento al que está acostumbrado en su lugar de origen lo cual lo convierte en un “residente temporal y pasivo” que ha perdido el interés y el entusiasmo que tiene un turista hotelero en cuanto a compras de novedades, visitas a restaurantes, “tours” de aventura y espacios culturales a las cuales habrá renunciado en favor de su confort y complacencia.
Si los compradores son extranjeros utilizan asientos de avión que inciden en la disponibilidad de asientos y podrían afectar indirectamente a la hotelería local, sobre todo en un centro turístico sin suficiente conectividad aérea. Por otra parte, como los “condóminos” de un desarrollo no son considerados “huéspedes” sino propietarios, no están sujetos al pago del impuesto al hospedaje y por lo tanto no contribuyen al fondo de promoción turística del centro vacacional como lo hacen los huéspedes que se hospedan en hoteles.
Los condominios residenciales que no son otra cosa que segundas, o terceras casas de gentes con las posibilidades económicas de hacerlo, se utilizan solo unas cuantas semanas al año. Y cuando sus propietarios nos visitan, porque eso son: visitantes, no turistas, trasladan a sus segundas o terceras casas su forma de vida. Van al supermercado, tienen automóviles, y sus gastos se limitan a unas pocas salidas a cenar, pues no realizan compras, ni utilizan taxis, ni tours turísticos, ni hacen los mismos gastos que los turistas. En sus lugares de origen tienen mejores mercancías de las que aquí podríamos ofrecerles y mejores restaurantes. Tampoco pagan suficientes impuestos, pues el predial es menor a lo que pagan a una fámula esporádica que utilizan cuando ocupan su unidad. La derrama económica que dejan en la población es mínima en relación al turismo, aun al de menor capacidad económica.
Ocupar una grande parte del territorio disponible en un centro vacacional, para condominios residenciales que la mayor parte del tiempo permanecerán vacíos es entonces un mal negocio para el destino, pero un buen negocio para los desarrolladores que vienen, construyen, venden y se llevan sus utilidades a otra parte donde repiten la operación.
(*) El autor es analista turístico.










