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09/03/2010
EDITORIAL
“No es asunto de que las mujeres sean quienes promuevan su causa, tampoco. Promover lo justo es responsabilidad de todos. Para promover la justicia respecto a los infantes, no es necesario esperar a que se repita la historia de “La Cruzada de los Niños”
Sociedad en deuda con las mujeres
Para recordarnos que la sociedad todavía está en deuda con sus mujeres, cada año de tiene el “Día Internacional”.
Este día internacional de las mujeres existe por la necesidad de equidad y justicia para el género femenino. Se necesita llamar la atención.
Como en el movimiento por los derechos civiles, van logrando primero que las normas cambien y luego que las normas de hagan efectivas. Tardado el camino, pero necesario empezarlo a transitar.
Se dice que las mujeres mucho han avanzado en nuestra sociedad. Se dice que ya se les ve por todos lados y desempeñando labores que antes eran exclusivas de los hombres. Se dice que en otros lados se ven presidentas de los países y aquí mismo se tiene en uno de los partidos a mujer dirigiéndolo, con tino y éxito.
También se dice que ha habido en México mujeres gobernadoras.
Sí, igual pueden aclarar que las universidades están repletas de mujeres, cuando hace medio siglo la cantidad de estudiantes varones era aplastante. También recordar que ya se está borrando aquello de que algunas carreras técnicas o profesionales eran “para mujeres”, mientras las ciencias puras eran para muchachos. Así como si Madame Cuirie no hubiera existido.
Algo ha cambiado, pero estamos lejos de la justicia y equidad.
Es un hecho que a las mujeres se les paga menos que a los hombres, por desempeñar el mismo trabajo.
Igual es un hecho que todavía en las oficinas a quien se le pide que sirva el café es a la mujer que se encuentre en la junta; así se trate de alguien superior en el organigrama. La fuerza de la maldita costumbre ha dejado a más de tres despistados fuera de la empresa, por este tipo de equivocaciones.
Ya no hablemos del acoso sutil o burdo que las mujeres padecen en fábricas, tiendas, bufetes, consultorios, oficinas públicas y demás. Ignoramos por qué sobran quienes suponen a las mujeres que trabajan, menos virtuosas que las virgencitas y santas que tienen en sus casas. Barbaridades de una formación familiar idiota.
Incluso donde la norma, la ley ha avanzado, lejos están las mujeres de conseguir igualdad de oportunidades. En la misma política, donde necesitan supuestamente quedar bien con el género femenino, los varones a cargo se las saben en eso de los trucos para incumplir la norma de determinada cuota de mujeres en las candidaturas. Lo más obvio, ponen a la pariente del suplente como candidata… y luego que gana, pide licencia para que entre al cargo el marido, el tío, el padrino o el hermano. De esas que ahora les llaman “juanitas” han existido bastantes. De hecho, las mujeres siguen siendo “las negras” de este sistema político discriminador.
Eso no es exclusivo de nuestro país. En Estados Unidos mismos, todavía aquella sociedad mucho más abierta, no está lista para aceptar a una mujer en la presidencia del país. Lo del color ya parece que lo están superando. Lo del género, no.
Por ello tiene que recordarse cada año la situación injusta, generalizada, para las mujeres.
En nuestro país, además, tenemos el gran problema de las mujeres golpeadas que viven en sus casas el terror constante de la agresión, el abuso y la violencia de diferentes tipos. Delitos que no han podido erradicarse, pero que incuso en algunas oficinas del ministerio público, son motivo de burla, morbo y majadería.
Para alguien comprometido con la justicia, hay mucho por dónde empezar, respecto a este tema.
No es asunto de que las mujeres sean quienes promuevan su causa, tampoco. Promover lo justo es responsabilidad de todos. Para promover la justicia respecto a los infantes, no es necesario esperar a que se repita la historia de “La Cruzada de los Niños”.
Incluso sobrarán mujeres que afirmen que así están bien y que así han sido siempre las cosas. Jamás olvidemos que en el ejército sureño, con los confederados de Estados Unidos, abundaban los esclavos negros que fueron a pelear a muerte, al mando de sus “amos”, en defensa del sistema de la esclavitud. Lo consideraban normal. Se sentían unidos a esas tierras, familias, formas de vida. Les asustaba la libertad con su inseguridad sobre casa y sustento.
No son solo las mujeres las que deben levantar la voz y comprometerse por una sociedad justa. Es tema crucial para cualquier persona razonable, comprometido con superar el lugar donde vive y la comunidad donde convive.











